martes, octubre 19, 2010

Desapercibido VIII

Hola, le dije,
hola, me respondió,
Tanto tiempo sin vernos, le dije,
pensé que no te iba a ver más, le dije,
o sea, no, mentira, quería verte, le dije,
¿Qué has hecho? Estás igual que antes, le dije.

Cuándo mi mano se enredaba con la tuya y enredados
caminábamos por las calles, mirando edificios, riendo de ti
y de mí, saltándo las pozas llenas de llanto, releyendo las nubes,
admirando el pasar reflexivo de las estaciones, latiendo para no oir
a los autos, pensé, pero no le dije. Estás igual. Estás completamente igual.

A veces el amor pasa desapercibido.

A.

Tú que todo lo sabes;
dime como cresta
te arranco de raíz,
si el culpable de la siembra
no es otro que el que ríe
cuando se habla de decisión.

Coraje

Huyes y te escondes
entre callejones, en escaleras de colores
cuando aún suenan tus pasos,
tus portazos
entre las migas
que viven en mi pecho.

De lira

Antes de habitar el suelo
quise dominar la razón
revolví entrañas y crucé puentes
todo en vano, nada en limpio
resolví problemas, rasguñé puertas
pleno verano y yo cochino
inundé de copas mis ojos cansados
planté los pies sobre una roca endeble
hice figuras con tu sangre
hice pedazos tu retrato
hice de mí un llanto largo
hice de mi cuerpo un escudo viejo

irradié caminos a medio recorrer
grité valiente de cara al vacío
porque así me enseñaron en la vida
porque no queda otra, porque la mía
es una muerte lenta y a conciencia,
un otoño que no termina nunca de empezar
y parece que sale el sol
o que la luna por fin ilumina
y parecen días medidos con un reloj
recién hecho, minutos que traen novedad;
pero nada es cierto, el gris de las tardes
se vuelve aún más gris y las voces no terminan
nunca de callar. Los recuerdos poco cuerdos
se toman el cuerpo y hacen de él
un puñado de tierra.

Antes de habitar el cielo
quise admirar la razón
aunque fuera por un instante:
nada de esto ocurrió.

viernes, octubre 15, 2010

Temores

El juicio se acabó
ninguna parte camina sonriente;

el desastre continuo
se hace a ratos un desliz

una imagen flotando en el desnudo
cielo espera en el tiempo
por ti.

lunes, octubre 11, 2010

A mí me llegan las astillas

A mí me llegan las astillas del mutilado aire que pasa por ti
que templaste en noches de excesivas lágrimas, que imaginaste.

A mí se me acaban las palabras impuestas hace años - como en una cárcel -
y olvido la desnudez del espejo
y olvido el color de la almohada
y olvido de golpe el olor a veces fino
y olvido el grito que ahogaste.

A mí me sujetan las cuerdas que caen del sol
inmóviles las sombras y las libres brisas
tú, también inmóvil, clavas tu mirada en el vacío.

Vamos lentamente al país de los fantasmas

El día invisible vuelve a su inicio
no se puede decir el nombre del viento,
ni del tiempo, ni siquiera de las ramas
secas que rasguñan tus brazos desnudos
mientras corres subiendo el cerro; no se puede
olvidar la tarde de la primera lluvia,
que es la misma tarde de la primera sonrisa
y del primer llanto y del primer muerto.

El día invisible vuelve a su inicio
nada de lo que se diga hoy será recordado.